Pov Ian Wolf.
Verónica se queda unos segundos en silencio mientras me observa.
Le doy una fría mirada y arqueo la ceja.
—Habla de una puta vez o lárgate.
Veo como se estremece un poco antes de respirar profundo.
—Sabes que tenemos una conversación pendiente.
—¿En serio? A estas alturas del partido quieres hablar de lo ocurrido
Toma asiento en frente de mi escritorio y pasa sus manos por el vestido rojo, corto que lleva puesto.
Sus ojos oscuros apelan a la lástima.
—Sé que te hice mucho daño.
—Dime algo que no sepa. Por cierto, me dijo Fernando que quieres ir por tus cosas al departamento.
—Son mías.
—Pero yo te las di —replico —Además, ya no hay nada en ese departamento, hace una semana me entregaron las llaves de la casa. Sabes, esa que mande a construir para nosotros.
No puedo reprimir la amargura en mi tono.
—Dios Ian, ¿vas a condenarme por un simple error?
—Un simple error —repito.
Ella realmente cree que lo que hizo fue eso, un simple error.
—Tu capacidad de darle una etiqueta ligera a lo que hiciste me sorprende. Escoger un mal color para una pared, es un error. Te encontré cogiendo con otro hombre, Verónica. El día de nuestra boda.
Se encoge en la silla.
—Lo sé, y solo paso esa vez.
Me rio
—No me creas tan imbécil. Dime algo, ¿quién era el hombre con el que estabas ese día en la iglesia?
—Nadie sin importancia. Tú eres lo que me importa.
—Así —señalo mi rostro —cuéntame Verónica, ¿de verdad estarías conmigo viéndome así?
—Eso se puede solucionar —sonríe un poco —tienes dinero y una cirugía podría…
—No me interesa hacerme algo de eso que dices.
—Ahora estás siendo obtuso.
—Si ya terminaste con tu diatriba, es mejor que salgas de aquí.
No pienso perderte por mi estúpido error. Aún te amo ladea la cabeza mientras lágrimas descienden pro su mejilla.
Aprieto los dientes cuando siento como mis paredes bajan.
—Habíamos planeado una vida, Ian. Una vida perfecta para los dos.
Me aclaro la garganta.
—Tú lo has dicho, habíamos. Ahora no hay nada que podamos hacer para devolver el tiempo y que tus acciones no trajeran consigo estas consecuencias.
Me mira con incredulidad.
— ¿Me estás acusando de tu accidente?
—No, el único culpable soy yo por creerte y dejar que me vieras la cara de imbécil.
—Si yo pudiera devolver el tiempo lo haría —susurra —por nosotros.
La puerta se abre y Fernando entra con una sonrisa que muere cuando ve a Verónica.
—Lamento entrar sin llamar, pero tu asistente no está en su puesto…
Niego.
¡Maldita Mónica!
—Adelante, Fernando. Verónica ya se iba.
—Ian.
Al ver que no pienso decir más, toma su bolso.
Avanza unos pasos y se detiene para observarme.
—No pienses que me voy a rendir. Y aunque lo niegues, sé que aún sientes cosas por mí.
Mira a mi amigo.
—Fernando —asiente antes de salir.
Cuando sale, Fernando cierra detrás de sí y maldigo largo y tendido.
—¿Que quería esa maldita mujer?
Niego.
—Olvídalo.
—Ian.
Fernando toma asiento en la silla que hace unos segundos ocupo Verónica.
—No estarás pensando en volver con esa mujer.
Niego.
—Aunque siento cosas por Verónica; no puedo, simplemente algo se rompió ese día.
Parece aliviado ante mi respuesta.
—Comprendo.
— ¿Qué es tan importante?
—Tenemos contrato con el grupo Lous Vuitton por tres años más.
—Eso es genial, le hemos arrancado a Williams una buena oportunidad.
Asiente.
—El hombre de seguro no está feliz con haber perdido frente a Wolf Diamond.
—Esto es así, si quiere ser el mejor debe competir con los mejores.
Me reclino en mi silla
—Hablando de lo mejor, ¿ya has pensado en lo que te dije? Sobre la madre subrogada.
Asiento.
—De hecho, estoy en eso. Pero es un secreto hasta ahora.
— ¿De verdad lo has considerado?
Asiento.
—No solo lo estoy considerando, estoy trabajando en que la candidata perfecta acepte.
Me mira con una expresión de incredulidad.
— ¿Me estás jodiendo?
—Para nada, de hecho, si todo sale bien; dentro de poco la candidata entrará por esa puerta y va a aceptar mi propuesta.
— ¿Puedo saber quién es la afortunada? —inquiere con sarcasmo.
—No. Aún no puedes.
—Y, sabes que tu madre pondrá el grito en el cielo.
—Mamá deberá aceptar mi decisión y mis métodos.
—Quiero ser una mosca en la pared cuando le digas a Selene.
A Fernando le conozco desde la universidad. Y, en más de una ocasión, ha sido acogido por mi madre que lo adora.
Ella realmente es una mujer bondadosa. Pero también tajante en sus convicciones y Fernando no se equivoca cuando dice que mi madre pondrá el grito en el cielo.
Ahora solo estoy concentrado en el resultado, el proceso... bueno, ya veremos en el camino.
El teléfono de mi oficina suena y lo tomo.
—Señor Wolf…
—Vaya, al parecer has regresado a tu puesto del que te dije claramente que no debías salir a menos que fuera una emergencia.
—Lo siento… era una emergencia femenina.
—No quiero saber más.
Se aclara la garganta.
—El señor Sáenz al teléfono.
—Pásamelo.
Fernando me mira con curiosidad, pero niego.
—Señor, Wolf, he hecho la tarea.
—Eso es eficiencia.
—Ya sabe cómo soy —se jacta David.
Al grano.
—El edificio que me pidió investigar está hipotecado y el banco pronto tomara posesión de este… si quiere mi franca opinión, el lugar no vale la pena, la zona es obrera y el nivel económico de estos…
—No te estoy preguntando sobre su nivel económico corto, su consejo no solicitado, — mi abogado se pondrá en contacto contigo y quiero que paguen la hipoteca.
—¿De verdad piensa comprar un edificio de mala muerte?
—Te recuerdo que te pago por trabajar, no para ser mi consejero.
—Sí, señor.
—Quiero adjudicar la propiedad a Wolf Diamond Trading.
— ¿Algo más?
Sonrío con suficiencia.
—Quiero que trabajes con el abogado y consigan lo más pronto posible una orden de desalojo.
Con eso cuelgo y miro a mi amigo que claramente está curioso de mi proceder.
—¿Ahora qué planeas?
Bufo y niego.
—Sabes que soy experto en conseguir lo que quiero.
—Soy consciente de eso. Te he visto hacerte con los mejores negocios desde que estás al frente de la empresa.
—Si no hay camino, lo hago y eso es lo que estoy haciendo.
—Me da miedo cuando te pones enigmático y filósofo.
—Solo confórmate con saber que acabo de comprar un complejo de departamento.
—Es buena la ubicación.
—No, para ser sincero es una pocilga, pero, es importante para mí.
— ¿Para ti?
—Así es, digamos que con esto; estaré un paso más delante de obtener mi objetivo. Por cierto, tú conoces a director de la FAFSA aquí en Seattle.
—Sí, es amigo de la familia.
—Me gustaría hablar con él y darle los datos de alguien que no ha pagado sus préstamos.
—Ian. Sabes lo que le harán —asiento — ¿quieres que le embarguen el sueldo a la persona?
Muevo la cabeza como si pensara en el asunto
—Puede, pero todo depende de cómo se desarrollen mis planes.
—No sé en qué en andas metido, pero necesito contexto.
—Pronto, querido amigo, muy pronto.