Meses después.
Me preparo para mi cita de la tarde e ignoro la mirada ceñuda de Ian mientras mueve su pierna exasperado.
— ¿Puedes estarte quieto? —murmuro viéndolo a través del espejo mientras me pongo un poco de crema hidratante en el rostro.
Bufa en respuesta.
—El desespero me está matando.
«Somos dos, pero no lo exteriorizo.»
— ¿Te sientes bien?
Asiento.
—Sé que estás aburrida en casa…
—Eso no es del todo cierto —murmuro.
Sé que lo dice porque dejé el hospital y la fundación por recomendación de la doctora.
Me observa en silencio, así que sigo con lo mío.
Estos últimos meses han sido duros debido a que...