—¡Detente! —suplicé. Jace se volvió hacia mí. Una sonrisa enfermiza apareció en su rostro. Oh no. Tenía otra idea.
—Sería demasiado fácil que simplemente murieras —le dijo a Damian, dando un paso hacia atrás. —La única manera de que te duela es a través de ella —continuó mientras caminaba hacia mí. —Sí, vas a verme sacar tu error de ella —dijo. Jace se acercó, acariciando mi cara con su mano. —Va a doler, amor —susurró. Le escupí en la cara, lo que lo hizo cerrar los ojos y tomar una profunda respiración.
—No me toques, hijo de puta —escupí. Gruñó y luego rasgó mi camiseta, exponiendo mi sujetador. Moví la...