– No pienso hacerle daño – suelta mi madre entre dientes sujetando su pecho con fuerza
– Lilith podrías calmarte – espeta Raziel elevando el tono de voz y confundiéndome por completo
– ay tu no molestes ¿de acuerdo? – dijo mirándolo de soslayo y enviándolo varios metros en el aire, este impacto con el suelo y soltó un quejido de dolor.
Lex volvió a fijarse en mí en Cian que continuaba luchando con la orden que le había dado, sus manos sujetaban mi muñeca con fuerza, ya la había roto para ese momento y la tensión en mi brazo cada vez era mayor. No podía apartar los ojos de...