Lexie.
Después de volver a hacer el amor de forma salvaje y saciar la sed que ambos despertamos el uno en el otro, permanecimos tendidos en el suelo, mi cabeza reposa sobre su pecho mientras sus manos acarician mi piel, la sangre que hemos derramado mientras lo hacíamos se ha secado y mi cuerpo está parcialmente manchado con ella al igual que el suyo.
– ¿Cómo está? – pregunta en murmullo, giro mi cabeza para verlo sin poder comprenderlo
– ¿Quién?
– Keller – sus ojos azules me observan con curiosidad – descríbelo – sonrió con pesar
– es alto, fornido, tiene vetas plateadas en el cabello y una poblada...