Entonces llegan flashes de memorias a mi cabeza, de su voz llamándome constantemente, de la sensación tirante de nuestro vinculo, soy consciente que Killiam no se ha rendido ni un solo momento, que siempre ha estado allí, siento una vez más sus labios sobre mi piel y sonrió, Killiam no podría dejarme.
– no eres más que mierda delante de mí en este instante – una vez más mi voz mezclada con la de esa criatura se alza sobre mis propios pensamientos
– estas subestimándola maldito bastardo – la seguridad con que Killiam suelta esas palabras me llena de calidez, tiene fe en mí, cree en mí, luego su voz...