—¿De dónde ha salido eso? —pregunté a Harry, con un tono de desaprobación evidente.
—Te acabas de reír de mis locas habilidades, Vicks —Harry hizo caso omiso—. Y tengo que llevarte al trabajo muy pronto, así que necesito que me consueles —añadió despreocupadamente.
—¿Consolarle? —pregunté con el ceño fruncido. Harry hizo un mohín exagerado, así que me acerqué al sofá donde estaba sentado. Una sonrisa infantil se dibujó en su cara, con los hoyuelos a flor de piel, y me abrió los brazos. Su sonrisa se reflejó en mi cara cuando lo vi sentado, tan entrañable, en el sofá.
Tomé asiento en el regazo de Harry, y pude sentir sus...