Me escurrí poco a poco de la cama hasta que me caí (otro despertar poético sin duda).
Empecé a moverme lentamente y con
pereza, como cuando ponen a una tortuga boca arriba.
Tras incorporarme levemente, vi que
Ignacio no estaba y pensé que estaría
desayunando, así que subí la persiana y
me sentí como un vampíro de crónicas
vampiricas sin el anillo.
Me puse la bata y bajé a la cocina pero
hoy si que había gente y es que la señora Biener estaba tomandose un café.
-¡Buenos días!, Ignacio hoy tiene
entrenamiento pero pensaba que
seguirías dormida cuando llegara
-No ha contado con mis frecuentes caídas de la cama.-...