Me había decidido a hacer las paces con Justim. Aunque siga pensando que el culpable de nuestra guerra era él ya era hora de dejar nuestras diferencias a un lado.
Llevaba todo el trayecto en el coche
pensando como decirlo de manera que no quedase como una desesperada que se arrastra ante sus pies. Así que como no se me ocurría nada decidí dejarlo todo en manos del azar.
Cuando entré en clase intenté acercarme a él pero los nervios eran tan fuertes que decidí sentarme en mi pupitre y esperar un milagro divino.
Y parece que llegó por que Javier se
acercó a mí.
- Me ha dicho Amandine...