Cuando subimos las escaleras me subió
encima de él con mis piernas rodeando su cadera y comenzó a dejar besos húmedos en mi mandíbula.
Abrió la puerta de su habitación y me
deposito suavemente en la cama sin
dejar de besarme y tras cerrar la puerta
comenzó a desvestirse quedando en
boxers ante mí.
Se me había olvidado lo jodidamente
bueno que está. Se dio cuenta de la
manera lujuriosa en la que le miraba por qué me dedicó una sonrisa fanfarrona.
-Se me habían olvidado tus miradas
violadoras, tranquila preciosa, todo lo que ves es tuyo.
A gatas me acerqué a él que estaba en el borde de la...