Las puertas del coche se abrieron y Xander bajó.
La audiencia estalló en gritos.
—No. Yo lo hago —le dijo a un hombre que extendía su mano hacia mí. Xander se acercó y extendió su mano para ayudarme a bajar del auto. En cuanto bajé, los gritos aumentaron.
Luces por todos lados, flashes de cámara, decenas de personas gritando su nombre y miradas inquisitivas posándose sobre mí. Las féminas no se veían muy contentas de verme junto a uno de los caballeros más sensuales del mundo.
Las piernas me temblaban y las manos me sudaban, me sentía muy nerviosa. Lo más cercano a un evento tan protocolar al que asistí,...