Me encontraba sentada fumando en el jardín, no era algo que hacía muy a menudo. Pero últimamente, me sentía triste y sola, extrañaba mucho a Eduardo, como nunca antes lo había hecho. En ese momento, solamente podía pensar en una cosa: ya habían pasado dos largos meses desde que oficialmente él era novio de Samanta. Se les veía felices juntos y eso me alegraba mucho por él. Según Emma, ella era una buena persona, incluso me había comentado que Samanta era muy amable. Suspiré, no se podía odiar a alguien bueno, y esa era la parte más difícil de haber perdido a Eduardo. No debía olvidar insistir en conquistarlo, pero...