Me sentía bastante cansada, no solo por el hecho de no saber hacia dónde dirigirme, sino también porque estaba en mis días y no podía ni moverme. Odiaba estos momentos en los que me sentía débil, con frío y tenía que ir a bañarme. Pero me daba pereza y no quería hacerlo.
Pronto, la puerta fue abierta y Eduardo ingresó con los niños. Emma corrió a mi lado y me abrazó.
—Mamá. — comentó.
la miré con una sonrisa y le di medio besitos mientras me abrazaba. — ¿Cómo te fue?
— Bien. — comentó.
Yo no pude evitar sonreír. — ¿Cómo que solo bien?
— Mamá, yo quiero invitar...