Me despierto, mi loba aún no se manifiesta. No recuerdo mucho de lo que pasó esta mañana, solo recuerdo haber bebido algo y luego quedarme dormida sobre el regazo de Rubén. Estaba leyendo un libro que Jazz me dio, cuando Rubén entra por la puerta sonriendo.
—¿Cómo te sientes hoy? —sonríe, sentándose a mi lado en la cama. Yo sonrío y dejo el libro a un lado.
—Estoy bien, pero mi loba aún no me habla —digo, él suspira y me envuelve el brazo alrededor de los hombros.
—Pronto vendrá, solo dale tiempo —dice, cuando alguien más entra en la habitación. Era el padre de Rubén, quien se detiene en...