—¡Al suelo! —grito mientras ella da pasos cada vez más lentos fuera de la habitación. Sus ojos se fijan en mí, y de inmediato comienza a llorar.
—Tobías —dice entre sollozos, avanzando. Ya me había cansado de que la gente llorara al verme, así que esto ya no me molestaba.
—Te dije, ¡al suelo! —repito, acercándome más a ella. Finalmente, hace caso y cae de rodillas, llorando desconsolada.
Braulio entra a la habitación detrás de ella para revisar si Ricardo está allí, pero pronto sale corriendo, sacudiendo la cabeza. Mientras aún está detrás de mi madre, la inmoviliza y le coloca las esposas en las manos, empujándola al suelo.
—Tampoco...