Cuando entro de nuevo a la sala principal, el caos es total. Braulio y Julian corren de un lado a otro trabajando, Morgana está gritando al teléfono a quien sabe quién, y los dos chicos parecen estar al borde de vomitar. Me subo a una de las mesas y arrojo una caja de archivos al suelo, que cae con un golpe seco, lo que hace que todos me miren de inmediato.
—Esta sala está empezando a parecerse al comedor, y todos sabemos cuánto detesto ese lugar. Sé que tenemos mucho trabajo por hacer, pero ¡no volvamos locos! —exclamo mientras Morgana cuelga el teléfono. Supongo que esa persona está tomando un...