Norman.
Mientras me dirigía a casa, pensé que me llevaban los demonios. No entendía, cómo Yvaine no me dejaba arrasar con toda su supuesta y disfuncional familia materna, de un solo golpe. Todavía a mi memoria llegaban las imágenes del video, que el personal de seguridad encubierto para la protección de mis hijos y mi mujer, en el hospital, le había enviado a Jason. Y que lógicamente él me entregó, advirtiéndome que no me gustaría. Desde luego que no me gustó, y el ordenador destrozado en mi despacho de un puñetazo, lo evidenciaba. Pocas veces perdía el control, pero cuando ocurría no era digno de ver.
Pero no podía quitarme...