Norman.
No podía parar de reír una vez que se cerraron las puertas del ascensor privado que me llegaba a mi despacho. Todos los directivos que me rodeaban me miraban extrañados, excepto Jason, lógicamente conocía el motivo de mi actitud.
No me podía quitar de la cabeza, la cara de Yvaine cuando la aborde en la recepción. Sabía que esto me iba a traer más de un dolor de cabeza, la vengativa de mi mujer, no me lo iba a dejar pasar sin pagar penitencia, pero no pudo evitarlo. Este juego de los desconocidos, en principio, no me gustaba, pero ahora, me parecía excitante, daba más de una idea, para...