Yvaine.
Aun no podía creer que mi prima se hubiera atrevido a secuestrarme en el mismo parking de la empresa, esto sólo demostraba lo desesperada que estaba y el odio tan grande que su madre le había inculcado hacia mí.
Lo más gracioso, era que a medida que les daba cancha, mientras hablaba con ellos, los esbirros que Maryori, más soltaban información. Yo sabía que el colgante que me había dado mi jefe de seguridad desde el primer día que él se encargó de mi protección, estaba recogiendo no solo el audio de lo que se encontraba alrededor mío, sino también mi ubicación por satélite. No quería ser secuestrada, pero...