—Lo mejor será que volvamos a nuestra habitación y celebremos como Dios manda —me susurró Maximillian en los labios luego de que nos separáramos.
— ¿Qué pasará con la fiesta? —le pregunté yo atontada.
Maximillian sonrió ladino haciendo latir mi corazón con fuerza.
—La fiesta la organizó mi abuela, ella se encargará de los invitados.
Me gustaría mucho más celebrar contigo en privado.
Ante su insinuación yo me sonrojé inevitablemente mientras que Maximillian tomaba mi mano para jalar mi muñeca.
—Espera, detente. Aún no te he dado mi regalo.
Maximillian frunció el ceño sin entender a qué me refería.
Era obvio que no había visto el lienzo aunque este le...