Por suerte nadie se interpuso en nuestro camino cuando comenzamos a irnos en dirección a nuestra habitación.
Por mi parte siento como el nerviosismo me golpea un poco haciéndome contener el aliento por unos momentos.
La mano de Maximillian sigue firme contra la mía aunque yo no intento huir de su agarre.
Aún no puedo creer que de verdad nos hayamos convertido en esposos.
Puedo que este matrimonio haya iniciado por el bebé pero está claro que Maximillian me desea tanto como yo lo deseo a él.
Eso es más que obvio.
Me dejo guiar a nuestra habitación y él cierra la puerta detrás de nosotros para darme una mirada...