Pero para Deanna y Jonathan las cosas no eran tan fáciles. Susan intentó hablar con él sobre lo que le sucedía, pero él seguía diciendo que nada estaba mal. Hasta Camila intentó sobornarlo con una tarde en el parque de diversiones, con algodón de azúcar y globos; sin éxito.
Y Daniel ya no podía ver los ojos tristes de su esposa. Así que fue por él al colegio y tuvieron una conversación entre hombres. Se estacionó a un lado de la calle y apagó el motor.
-Hijo, tenemos que hablar – Le dijo mirándolo por el espejo – Ven, siéntate aquí –
Jonathan cruzó a la parte delantera, junto a...