No podía moverse entre el cuerpo de Daniel y la pared, y tampoco quería. Si hubiese sabido que él estaba al borde, como ella, hubiese actuado antes. Pero pensaba que Daniel quería seguir esperando para estar seguro, que no quería adelantarse y perder los estribos.
—Estoy harta de probarme ropa… —le dijo mirándolo sobre el hombro.
—Mmmm… —murmuró él.
—¿Por qué no nos vamos?
—¿Estás segura?
—Sí…
Daniel tomó una bocanada más de aire y terminó de hundir su rostro en el cuello de Deanna. Iba a perder la cordura; ella estaba tan impaciente como él, y se le notaba en el tono de la voz y los movimientos de...