—Gracias, Deanna, por acompañarme. ¡Lo pasé genial!
—Sí, nena… me alegro. —Pero su sonrisa apenas se veía.
—¿Estás bien?
—¡Claro! Solo un poco cansada… Tu papá debe estar esperándonos despierto.
Y así era, Daniel se quedó a esperarlas, quería verlas llegar. Naomi entró tan contenta, se apresuró a saludarlo y darle un beso antes de irse a la cama. Pero Deanna se veía extraña.
—¿Estás bien?
—Sí… vayamos a dormir.
Pero la noche no le cambió el semblante, estaba pensativa durante el desayuno. Mientras la niña contaba todo lo que había vivido en la fiesta, ella estaba callada. Daniel no necesitó demasiado para darse cuenta de que algo le ocurría,...