Pasé los siguientes días acurrucada bajo mis mantas en mi habitación, viendo televisión y comiendo comida chatarra. Mis noches fueron horribles. Mis días fueron horribles. No podía dormir, comer, ni pensar en nada más que en Jason y en todos los demás en esa casa.
Estaba sola. Me sentía mejor así. Mi teléfono permanecía apagado, alejándome del mundo exterior.
Todo parecía haberse puesto patas arriba para mí. Mi vida se sentía como una película de fantasía retorcida en la que no quería ser la protagonista.
Silencié la televisión cuando un sonido extraño proveniente de abajo captó mi atención. Salté y alcancé mi bolso, sacando mi táser. Abrí lentamente la puerta,...