ZEIDEN
Hablar con Aniyah me dejó en profunda reflexión, recordando a mi madre, lo que me estaba rompiendo. La extrañaba. Podía sentirla, su espíritu, rondando, bendiciéndome. Le recordaría nuestra promesa. Le dije que mantenía su promesa, asegurándole que aún cuidaba de su única hija, Alana.
—Si no lo logro, ve a mi manada. Ayúdate.—me suplicó.
—¿Qué? No puedo hacer eso.—
—Puedes—
—No es tan fácil como lo haces sonar. Soy conocido como un hombre rogue.—
—Soy la Luna.—dijo, con la esperanza reflejada en sus ojos.—
—Y te acepto. Te acepto.—
No puedo. No puedo simplemente dejar a mi hermana.
—Está bien. Hiciste todo lo que pudiste. No sufras más por...