JASON
Sentía la presión. Era como si todo se derrumbara sobre mí al mismo tiempo. Mi compañera sin marcar. Los vampiros. Mi hogar. Estaba cargando con un peso sobre mis hombros que sabía que eventualmente me rompería.
Salí de mi oficina y me dirigí a la habitación de Aniyah para buscarla. No estaba allí, pero su aroma aún impregnaba el ambiente. Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina, donde vi a Keira y Keisha sentadas en la mesa.
—Keira, ¿dónde está Aniyah? —abrí el refrigerador y saqué una botella de agua.
—Eh, tuvo que ir a su casa a buscar más ropa —respondió, pero no sonaba muy convincente....