—Graciela esto no está bien, puede entrar Huguito o María y vernos aquí desnudos. Por favor sal de aquí inmediatamente. No compliques más las cosas.
—¿De verdad quieres que me vaya? ¿Te vas a perder de todo esto que es solo para ti?
Alberto miraba el cuerpo desnudo y mojado de Graciela, no pudo evitar caer en la tentación de besarla, se dejó llevar por el deseo que sentía hacia ella, no cabía duda de que era una mujer muy sensual y sabía perfectamente como hacerlo caer en su trampa.
Hicieron el amor hasta saciarse, sin importarles en donde se encontraban. Después de un buen rato metidos bajo la ducha,...