Elizabeth estaba helada después de haber leído la carta de Rosarito, sintió un escalofríos por todo su cuerpo que no la dejaba reaccionar. No podía asimilar una noticia tan espantosa como esa, no entendía cómo había sido posible que hubiera estado engañada durante tantos años por alguien a quien veía como a un padre.
Comenzó a templar, sentía que no podía controlarse y enseguida llamó por teléfono a Alicia, ella era la única en quien podía confiar, así que no dudó un minuto en pedirle ayuda.
—¿Qué le pasa señora Elizabeth? ¿Le pasó algo al pequeño Huguito?
—No, mi hijo está bien, necesito que vengas inmediatamente a la mansión, hay...