Alberto se puso nervioso porque lo último que esperaba era encontrar a Gabriel en la mansión, sin embargo trató de disimular su nerviosismo y al ver que este no le respondía, se acercó a él y lo miró fijamente a los ojos para intimidarlo y con una actitud agresiva volvió a preguntarle:
—Te hice una pregunta, ¿Qué haces aquí en mi casa y al lado de mi hijo?
—¿Tú casa? ¡Ja! No me hagas reír Alberto, y con respecto al pequeño, solo me estaba saludando, además no sabía que es tu hijo.
—Pues sí, es mi hijo. ¡María! ¡María!! —llamaba a la sirvienta desesperado la cual enseguida apareció asustada pensando...