Diego miró a su hermano mayor con los ojos entrecerrados y se burló, pensando que había tenido razón desde el principio. Su hermano iba a aprovechar esta situación a su favor.
Augusto Montero era despiadado, frío y astuto. Sin embargo, cuando se trataba de su hermano pequeño, era suave como una almohada, pero estricto como un padre.
Nunca quiso que Diego abandonara la mafia. Según él, la familia debía permanecer unida. Augusto nunca se casó ni tuvo hijos. Para él, quería que Diego fuera su sucesor.
Diego solo podía adivinar cuál era la condición. Lo único que su hermano querría de él era que se quedara a su lado y...