Oliver estaba en llamas ese día.
Después de meses de no tener a su esposa, no podía esperar para enterrarse en su dulce y estrecha cueva de amor.
Su pene estaba dolorosamente duro en sus pantalones, sin dejar espacio en sus ajustados boxers. Quería arrancarle la ropa a Claire y tomarla fuerte y rápido para saciar su hambre, sin embargo, sabía que tenía que prepararla antes de eso.
La idea de follarla contra la ventana le provocó descargas eléctricas de deseo por todo el cuerpo mientras la apretaba contra la ventana. Enjauló a Claire entre sus brazos y le dio besos calientes por todo el cuello, hasta los hombros.
Con...