Rachel tardó un poco en recuperar el sentido.
-Ahora sabes que puedo satisfacerte -sonrió Henry mientras giraba hacia atrás y salía del balcón.
Sus palabras devolvieron a Rachel a la realidad y su rostro se puso rojo como un tomate.
Todavía podía sentir la lengua de Henry en su centro y vaya que se sentía bien.
Cuando entró a la sala, encontró a Ace saliendo de la habitación de Henry.
-Ace, ¿estabas ayudando a Henry a subirse a la cama? -preguntó Rachel.
Ace siempre ayudaba a Henry a empujar su silla de ruedas cuando tenía que ducharse o acostarse.
-Sí, señora -respondió Ace.
Rachel frunció el ceño cuando se le...