Una hora después, el yate se había posado en medio del océano abierto. Fue entonces cuando se sirvió la comida.
Claire y Oliver cenaban mientras la fresca brisa del océano acariciaba sus pieles. Intercambiaban miradas de vez en cuando mientras charlaban de todo lo que había bajo el sol.
-No sabía que existía un restaurante así en la ciudad de Brentwood -comentó Claire.
-No lo había... pero lo abrí para ti para poder traerte aquí para nuestras noches de cita -respondió Oliver y los ojos de Claire se abrieron.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Claire.
-Significa que eres la dueña de este restaurante de yates, Ángel -respondió Oliver con...