-¡Oh, Dios mío! ¿Qué estás haciendo, padre? ¡No te arrodilles! -Rachel terminó haciendo una mueca de dolor porque presionó su brazo derecho mientras intentaba levantarse, lo que provocó que Henry corriera hacia ella preocupado.
Se le llenaron los ojos de lágrimas al oír el apodo que le había puesto su padre. En aquel entonces, él la llamaba calabaza y la adoraba mucho.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que escuchó a su padre llamarla así?
No se pudo evitar. Las lágrimas corrieron por sus mejillas mientras recordaba el pasado. Kenny no era un mal padre. Era solo que creía demasiado en su esposa y se volvió ciego a lo que realmente...