Los ojos de Claire se abrieron de par en par al ver al hombre que se encontraba peligrosamente cerca de ella. Su aroma masculino inundó sus fosas nasales y la incitó a respirar profundamente.
Olía tan bien.
Sus palabras quedaron grabadas en su cabeza y su rostro se sonrojó. Oliver no pasó por alto el matiz de color que había teñido sus mejillas. Sonrió, se inclinó y preguntó en voz baja: -¿Todavía te preocupas por mí, ángel?
El corazón de Claire dio un vuelco involuntario. Se apartó, con el corazón acelerado.
-¡No, no lo hago! ¡Sólo estoy haciendo mi trabajo como directora legal! -Lo negó.
Oliver arqueó una ceja, la...