Cuando subieron al ferry, Armando sintió que algo no iba bien. Escudriñó el lugar y vio a un hombre en una esquina que parecía un turista que iba a una isla.
Otro hombre, vestido con ropa informal y con una gorra en la cabeza, estaba sentado delante y charlaba con un amigo. El resto parecía estar ocupado con sus propios asuntos, tomando fotografías de las aguas azules o del cielo o leyendo un libro mientras el ferry avanzaba por el mar.
Para la gente normal, esta escena no tendría nada de extraño. Sin embargo, como criminal empedernido que había estado en el cártel durante la mayor parte de su vida,...