Pasó una semana.
En la húmeda celda de aislamiento... Las luces estaban apagadas y el espacio parecía abarrotado.
Había muy poco o nada de aire, lo que hacía que quienes estaban encerrados allí se retorcieran y se revolvieran angustiados. Fue la peor experiencia que uno podría vivir jamás.
Había pasado una semana desde que habían comido nada. Después de tres días en la celda de aislamiento, cuando pensaron que morirían de deshidratación, les dieron agua solo para mantenerlos con vida.
Unos días en esa pequeña celda parecían mil años en el valle de la muerte. Era tan sofocante y respirar ese aire pútrido era horroroso.
Lloraron y rogaron que los...