-¿Tienen todavía la misma mercancía que antes? -preguntó Diana por teléfono-. Quiero que sea un trabajo limpio. No debería ser detectado y no debería estar vinculado conmigo.
El silencio se apoderó de la línea. El hombre que estaba al otro lado del teléfono suspiró y dijo: -Sé que dije que siempre haría lo que tú quisieras, pero esto es arriesgado. Este hombre es el más poderoso de la ciudad y tiene seguridad rodeándolo en el hospital. Me arriesgo a que me atrapen. Honestamente, no creo que te ame lo suficiente como para arriesgar mi vida por eso.
Diana puso los ojos en blanco. Apretó los dientes y respondió: -Mira, ese...