Yolanda y Diego desayunaron en un cómodo silencio.
Aunque no tenían nada que decirse, no era una situación incómoda. Parecía que ya lo habían hecho varias veces y, sin embargo, era la primera vez que se sentaban a comer juntos temprano por la mañana.
"Es un buen cocinero", reflexionó Yolanda mientras saboreaba los deliciosos panqueques. En su mente, pensó, no había nada más atractivo que un hombre que supiera cocinar.
Mientras comían, ella no pudo evitar mirarlo de reojo. Ya se veía guapo con sus anteojos, pero verlo sin ellos por la mañana lo hacía lucir aún más atractivo.
Por alguna razón, el corazón de Yolanda dio un vuelco. Todavía...