-Mamá, papá, ¿podemos hablar? -preguntó Oliver apenas entró a la mansión Ford.
Sus ojos estaban rojos y su pecho agitado, su corazón latía con fuerza contra su caja torácica.
-Hola a ti también, hermano -dijo Zara y puso los ojos en blanco-. ¿Por qué parece que acabas de perder tu juguete favorito?
-Zara... tu hermano no se ve bien, no te metas con él-regañó Rachel mientras se levantaba del sofá, mirando a Oliver con preocupación en sus ojos.
Estaban sentados en la sala de estar viendo una película en familia después de la cena. Sin embargo, al ver la apariencia de Oliver, Rachel ya no estaba de humor para ver...