Habían pasado cinco años desde la muerte de mi esposa, aun no encontraba como superarlo, cuando me desperté y me entere de su partida, me volví loco del dolor, desde ese momento mi vida había cambiado, me volví un hombre frio y amargado, no quise saber de nadie mas, en la casa solo vivíamos mi abuelo que nunca me abandono, Rosalía que decidió quedarse y pepe el mayordomo, pero el había fallecido hace un año, estaba muy mayor.
La prensa me destruyo durante semanas, pero mate a Gabriela muy tarde, no debí dejarla hablar, ni siquiera respirar, pero bueno así es la vida, una total porquería.
Nicolás estaba en la...