El dolor me hizo estremecer, tanto asi que caí al suelo dando un grito infernal.
—Queria matarte lentamente, pero no mereces la pena—dijo Renata mientras reía como loca.
Mis manos temblaban de dolor y rabia. No podía creer lo que acababa de escuchar. Renata, mi mejor amiga, la persona en quien confiaba ciegamente, me había traicionado de la peor manera posible. Sus palabras resonaban en mi mente, cortantes como cuchillas. Sentí un nudo en la garganta y mis lágrimas se mezclaron con la sangre que manaba de mi herida.
Renata se reía a carcajadas, disfrutaba de mi dolor.
—No puedo creer que estés riendo, Renata—le respondí con voz temblorosa—No puedes...