Habia pasado un día y permanecía encerrada en aquel sótano, dimitri se había marchado con aquella mujer misteriosa, pero el hombre rubio se quedo para vigilarnos, intentaba ser cordial y agradable pero luego perdía el control.
No aguante mas y decidí hablarle, Nicolás estaba pegado a mi mientras dormía.
—Por favor dejame salir, si es dinero lo que necesitas mi esposo puede dartelo—dije intentando converselo, la verdad era que ni siquiera estaba segura que el vendría por mi, me habia marchado sin avisar, el asunto de la perdida de mi memoria, me llevo a todo esto.
—No es cuestión de dinero, Maritza—respondió finalmente, con un tono más sereno—. Hay asuntos...