Me encontraba en el confortable sofá del salón, abrazada a una manta y con los ojos entrecerrados. El reloj de la pared marcaba las dos de la madrugada y Max aún no había regresado a casa. Sentía un nudo en el estómago y una gran preocupación me invadía. Aquella noche, Max había salido de la casa molesto, sin darme ninguna explicación, sabia que la conversación con su abuelo lo había afectado mucho.
Recordaba claramente cómo fue todo. El abuelo lloro mucho antes de marcharse, el pobre era un alma perdisa, buscando perdon, pero no podia influir en las decisiones que tomara Max, solo estaba a su lado para apoyarlo.
Pense...