Desde que llegamos a la mansión, sentía que todo el lugar estaba impregnado de magia. Las luces tenues, las hermosas decoraciones y el ambiente festivo creaban una atmósfera de cuento de hadas. Al entrar al salón principal, Max tomó mi mano y me dirigió hacia el centro de la pista de baile.
El suave compás de una melodía comenzó a sonar en el ambiente, y allí, rodeados por las miradas de perdonas que no conocían, tampoco era como si pudiera ver sus rostros, todo el mundo llevaba mascaras, trajes de época, dándole un aire misterioso, empezamos a mover nuestros cuerpos al ritmo de la música. Max me guiaba con una...