Desde el momento en que pusimos un pie en la casa, supe que las cosas nunca volverían a ser iguales. La casa estaba en silencio, pero el pesado aire de la pérdida flotaba en cada rincón. Tomé a Max de la mano y corrimos hacia la habitación de mi madre.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, mi garganta estaba seca y el miedo de enfrentar la realidad me envolvía. Abrí la puerta de su habitación y mi mirada se encontró con su fotografía enmarcada en el tocador. Parecía tan viva, tan llena de vida, pero estaba tan lejos de nosotros ahora.
Me acerqué a su cama y me...