Maritza.
—Max— pronuncié su nombre a penas en un susurro, abro la puerta de la habitación Encontrándome con dos tres médicos, con batas, tapabocas, y a otro sin camisa, con el teléfono en la mano, el cual me miraba sorprendido.
¡Me había pasado!
Mi obsesión por creer que mi marido estaba vivo, me había arrojado al fondo de un lugar muy oscuro, estaba perdiendo el control de mis actos y eso no me traería nada bueno.
—Maritza ¡Por el amor de Dios! ¿Te estás volviendo loca? Disculpen señores, mi esposa está un poco nervioso —dijo derek en señal de disculpas.
—No se preocupe—contesto aquel hombre colocándose la camisa.
—Yo... Escuche...