Amelia estaba sentada en la sala de espera, aferrada a las manos de su madre, mientras que Ricardo se quedó en casa para cuidar de Jonathan. Amelia No dejaba de gimotear, lloró tanto, que sintió que su pecho se desgarraba de su cuerpo, y el dolor que sentía era indescriptible.
—Mamá, se supone que Santiago solamente necesitaría un trasplante de medula, ahora resulta que tiene algo más grave ¿Por qué la vida me trata de esta manera?
Eva la abrazó a su pecho y le consintió su cabello.
—Hija, no te castigues, eres una mujer muy bendecida a pesar de todas las circunstancias que estás atravesando, lo que le está...