Al aeropuerto de la ciudad llegó un avión privado, de este se bajó Elise y detrás de ella, una imponente y magnífica mujer, vestida con un traje oscuro y zapatos altos.
El cambio de Amelia era más que evidente, la inocencia e ingenuidad que había en su rostro se desvaneció por completo, ahora su mirada era un solo reflejo de ímpetu y seguridad.
—¡Hemos llegado, mi querida Amelia! —Elise se quedó viendo encantada a su creación.
—Así es Elise, cuanto tiempo sin venir por aquí —suspiró—. ¿cinco años y tres meses más exactamente? —Amelia espetó mientras subía una ceja.
—Si, ese tiempo cariño, ¡cuidado! ¡Ahí vienen! —Elise advirtió al escuchar...